No estoy en contra de que los artistas expresen públicamente sus preferencias políticas si se sienten cómodos haciéndolo. No veo por qué no, aun a riesgo de ganarse tantas simpatías como antipatías y a sabiendas de que eso puede afectar a la percepción que el público tiene de ellos y, por tanto, a su trabajo.
Uno de esos cuya tendencia hemos conocido siempre es el señor Arturo Fernández, actualmente octogenario y encasillado en el papel de galán. "Actuar sobre el escenario es lo único que sé hacer", afirmaba ayer. Pues perfecto, que vaya a verlo quien guste de su talento -y de su belleza...-. No diré en este caso que opine lo que quiera públicamente, porque si uno no es capaz de hacerlo desde el respeto, los argumentos y la coherencia, entonces sí considero preferible que se calle y se guarde su parecer para él, sea actor, músico o el vecino de enfrente.