viernes, 14 de agosto de 2015

Tauromaquia y tolerancia

Siempre me he declarado contraria a los toros y todavía más a que lo que se hace en las plazas sea catalogado como "arte". Y no es que sea vegetariana ni defensora extremista de los animales, no doy ese perfil en absoluto, pero sí me parece que llamar cultura y comparar con verdaderas expresiones artísticas algo que consiste en dar muerte a un animal está completamente fuera de lugar.






Aborrezco, pues, la tauromaquia y todo lo que la rodea. A los toreros cuando dicen que "aman el toro" (¿?) o aquello que tampoco hemos oído nunca de que están hechos de otra pasta. Mi rechazo es total, asimismo, a que la televisión pública tenga espacio para estas actividades -por mucho que las apoye el monarca emérito, Juan Carlos I-, algo que se ha debatido estos días también.

Este post viene dado en buena medida por la grave cogida sufrida por el matador Francisco Rivera Ordóñez, antes conocido como Fran Rivera y últimamente como Paquirri. El suceso provocó muchos comentarios polémicos deseándole la muerte o mofándose de su situación por las circunstancias en las que se produjo. Eso son cosas que nunca haría ni defendería, como quiero pensar que cualquier persona con dos dedos de frente.

Ahora bien, confieso que no siento la misma empatía por quien pone en riesgo su vida a conciencia y para dar muerte a un animal que por quien sufre cualquier otro tipo de desgracia que le viene dada sin haberla buscado. No significa que le desee la muerte a Fran Rivera ni que me alegre ni lo más mínimo por las seis personas que han muerto en encierros a lo largo de este verano (todo lo contrario, y en el caso de ellos aún menos). Pero era decisión del propio Rivera ponerse delante de ese toro, con el riesgo de que ocurriera lo que ha ocurrido y de hacer sufrir a su familia, incluyendo a su esposa en avanzado estado de gestación.


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