Hace
ahora cuatro años viví un curso de Erasmus en Italia. Recuerdo que al decir que
era española, la gente con la que me relacionaba, la mayoría de mi misma edad,
enseguida asociaba el país a Zapatero y hablaba de ambos con admiración –máxime
cuando, ya hacia el final de mi estancia, la azzurra quedó eliminada de la Eurocopa de fútbol a manos de una
España que luego se impondría en la competición-. Nos tenían por un país
moderno y avanzado, además de relacionarlo de inmediato con la playa y a la fiesta; la crisis
estaba próxima, pero lejana en la medida en que apenas se veía venir.
